
Ni es lo más apropiado empezar un blog hablando de la tristeza, ni tampoco soy yo la más apropiada para hablar de ella. Qué estoy haciendo se me preguntará: Liberar penas.
No pretendo escribir un blog para divertir a nadie, ni para hacer amigos, ni para ganar popularidad, ni para criticar al mundo; lo que intento es sincerarme conmigo misma mediante la escritura a través de este blog. Quizás por ello sienta la necesidad imperiosa de empezar a narrar los motivos de mi asfixia personal antes de presentarme y cumplir con los formalismos lógicos que serían la presentación de quien escribe y de su mundo. Del mismo modo, es también la causa del caso omiso -o no, ya se verá- que haré a los comentarios, esa realidad que es que no tengo porque rendir cuentas a nadie de lo que escribo.
Simplemente dejaré por escrito que este blog lo mueve una persona, o mis sentimientos hacia ella, mejor dicho. Mi esperanza es que algún día lea esto y entienda que cada pedacito de nuestra realidad compartida tuvo también una perspectiva femenina. Puede que entonces sea capaz de comprender todo mucho mejor.
Dicho todo lo anterior, que no es poco, he de aclarar porque elijo una frase tan pesimista para titular la primera entrada de mi pequeño universo virtual. El móvil no es otro que lo que siento por dentro. La tristeza. Aquella que vive para hundirte en tus propias penas y, aunque lo tuyo no sea un gran drama, te hace sentir el ser más desgraciado de la faz de la tierra...
Hoy solo puedo decir que creía que llegaría a tenerlo todo, pero me quedé sin nada. Sin su confianza, sin su complicidad, sin sus risas... sin miamor. Y sin Valencia. Sin la ciudad que desde un principio fue la candidata a ser mi ciudad durante cinco años de estudios de Odontología. Me quedé sin la ciudad que me daba confianza a la par que esperanza. Ahora soy consciente de que un 8.40 y pico se interpone entre todos mis planes de futuro, porque aunque tan solo haya sido descartada Valencia -y me haya quitado un peso de encima al no tener que elegir entre Oviedo, Valencia, Valencia, Oviedo- me ha hecho ver la realidad. No voy a conseguir la plaza de Odontología en ninguna otra universidad española y eso implica dos verdades: 1.Tendré que estudiar Derecho... 2. ... en Almería.
¿Qué me duele más? Por orden: Que ese feo al que quiero tanto no me entienda, y haber deseado que no me dieran plaza en Valencia para ir a Oviedo con él. Lo cual no significa que no quiera irme a Asturias a estudiar, significa que mi abanico de posibilidades se cierra y eso me deprime. Ojalá consiguiera la maldita plaza en Asturias. Ojalá... pero dudo que así sea.